martes, 25 de septiembre de 2007

"Toda la historia ha sido una lucha por el poder"

Toda la historia del hombre ha sido una lucha continua por el poder, entre aquellos que tienen el poder y lo quieren seguir manteniendo, contra los que no lo tienen y han luchado  por obtenerlo, por lo tanto la historia siempre ha sido en palabras del propio  Karl Marx, una disputa entre propietarios y esclavos, entre señores y siervos, entre reyes y súbditos, entre burgueses y proletarios, entre dominantes y dominados, pero los “instrumentos” con los cuales se han podido llevar estas relaciones de poder y lucha han cambiado a través de la historia, volviéndose cada vez mas difusa esta relación, transformándose en un consenso, es decir en una legitimación y naturalización del poder hegemónico por parte de las clases subalternas.
El poder organiza de muchas maneras las relaciones dentro de la sociedad, relaciones políticas, económicas, culturales y sociales. El poder social-cultural, es una relación especifica entre los distintos grupos sociales o instituciones, “un grupo tiene poder sobre otro si tiene alguna forma de control sobre ese otro grupo” (Van Dijk, 2000:40). Tenemos el poder, cuando podemos hacer que otros actúen de la manera que nosotros queremos que actúen, un grupo puede controlar a otros de distintas formas, una opción simple es la fuerza bruta, la coerción; pero gran parte del poder en la sociedad es mas bien mental, controlamos la base mental de las acciones, esto es, las intenciones o propósitos de las personas, se controla la cultura para poder lograr el sometimiento de otros grupos.
El devenir histórico nos demuestra que la fuerza y la coerción han sido y son formas antiguas y utilizadas durante siglos por el sector dominante para lograr el sometimiento de los sectores dominados, era usual en la España del Siglo XV recurrir a la Inquisición para que los desertores de la Iglesia católica y por tanto del estado español lograran volver al camino trazado por ésta. El mundo occidental utilizo de forma recurrente la violencia para lograr imponer sus ideas, pero al comenzar las tolerancias, primero religiosas y luego civiles, esta forma de proceder comenzaría a volverse retrógrada y cuestionada. Los derechos humanos propagados por la revolución francesa darían cuenta que la civilidad no era un grupo pasivo sino que comenzaba a poner en tela de juicio la forma de actuar de los dominantes, con las revoluciones políticas y sociales del siglo XIX, las clases dominantes comenzarían a percatarse que su actuar comenzaba a ser cuestionado, la violencia, la represión serian las tónicas de aquel siglo. Con la revolución industrial comenzaría a aparecer una nueva forma de comunicación, que sería mas rápida y factible, comenzaría la globalización, la cual hizo a todos los seres humanos mas interdependientes, y con ella un nuevo tipo de tecnología de masas difundidas a todos los sectores sociales. Así, la forma de lograr el sometimiento fue cambiando de a poco, la utilización de las fuerzas armadas no se obvió pero se comenzó a ocupar un recurso que hasta entonces parecía sin importancia, la tecnología de la cultura de masas. Ésta comenzó a ser el campo donde se librarían “feroces batallas”, y muy entre comillas, ya que en la guerra fría este campo seria normalmente utilizado por las potencias en lucha. Cada vez más la cultura sería manipulada para lograr el consentimiento de los subordinados, ya no se usaría el fusil sino la prensa escrita, la televisión reemplazaría al cañón dando paso al “imperio de la fragilidad”, un “control sutil”, delicado, elegante y fino, que no se lograría por las armas sino por la persuasión de las palabras y de los signos. Los medios de comunicación serían los que ostentarían la hegemonía que se arrastraría hasta el día de hoy, a través de una validación y legitimación por parte de los diferentes campos sociales.
Sin embargo, el uso que se haría de ellos sería recurrente en los regímenes dictatoriales, tan normales en Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX y que no se exceptuaron en Chile. Éstos, utilizarían a los medios de comunicación como instrumentos para validar su accionar o los harían callar para que no representaran por ningún motivo una fuerza contrahegemónica que pudiera contrarrestar su poder dominante.
El discurso hegemónico de los campos dominantes entregado a través de los medios de comunicación tradicionales ha sido validado y legitimado en el campo social en su conjunto (de ahí su condición de hegemónico). A través de los medios de comunicación las clases con poder educan a los dominados, para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Los medios de comunicación actúan como legitimantes del poder hegemónico.
Dueños de un gran capital simbólico, estas organizaciones han logrado consolidar, durante los años y mediante diversas estrategias tendientes a la ortodoxia del sistema, un consenso societal, un bloque histórico en palabras de Antonio Gramsci. Han adquirido un enorme poder, haciendo su tipo de discurso, el hegemónico, situación que han sabido mantener y acumular en el tiempo.
Por Juan Carlos Bravo.

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